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martes, 1 de septiembre de 2020

El reto de reactivar la economía

 

El Reto

En medio de las profundas divisiones que atraviesan el país, la mayoría de las personas están de acuerdo en algo: es necesario y urgente reactivar la economía para recuperarnos de la peor crisis que ha enfrentado el mundo en las últimas décadas. Pero el camino para llegar a esta meta es incierto y está lleno de vacíos y de información confusa.

La reactivación de la economía está íntimamente ligada con la evolución de la COVID-19. Muchos países permitieron que se abrieran distintas actividades productivas anticipadamente, para tener que cerrarlas de nuevo ante el rebrote del virus.

En Colombia, ese riesgo es aún más evidente, porque a partir del 1 de septiembre se acaba la cuarentena en las ciudades principales. ¿Qué ha hecho el gobierno y cuáles son los principales retos para reactivar la economía?

Las cuentas que no coinciden

Durante la celebración de los 50 años de la Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo (Fedesarrollo), el presidente Duque presentó un balance 
sobre el manejo de la crisis.

Según el presidente, Colombia ha tenido mejores resultados en mitigar los impactos de la pandemia que el resto de la región y que algunos de los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Pero la realidad es otra. Aunque el presidente ha repetido que su paquete contra la pandemia representa el 11% del PIB, no está claro cuántos recursos públicos se han destinado realmente a enfrentar esta crisis:

• El viceministro de Hacienda, Juan Alberto Londoño, afirma que el gasto fiscal para mitigar la pandemia es de 30 billones de pesos, es decir, alrededor del 3% del PIB;

• En un debate reciente, el ministro de Comercio habló de un poco más de 9% del PIB;

• Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) dice que Colombia ha asignado el 2,5% del PIB para este propósito.

Como notó el Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana en su informe del 21 de junio, no existe un mecanismo institucional centralizado, claro y detallado que especifique la magnitud de los recursos empleados. Tampoco está claro cuáles son las industrias y las personas que han recibido apoyos del Estado.


Además, el informe contiene otros datos que llaman la atención:

– No es claro cuántos recursos hay realmente en el Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME), la principal fuente para enfrentar la pandemia. La página web del Ministerio de Hacienda dice que el FOME cuenta con 25,6 billones de pesos, pero en los decretos publicados hasta el 21 de junio estos recursos suman cien mil millones de pesos menos.

– Las declaraciones del ministro de Hacienda no concuerdan con las de sus viceministros: entre el primero y los segundos hay una diferencia de 80 billones de pesos.

– Hay recursos sin gastar. Al FOME se le asignaron 25,5 billones, pero el máximo posible que pudo haber gastado el Ministerio en atender la pandemia es de 6,1 billones. Es decir, habría 19,4 billones del FOME sin gastar.

– El gobierno está mezclando las cuentas. El presidente declaró que está destinando el 11% del PIB a las necesidades de la pandemia, pero en realidad más de la mitad de estos 11% (un 6%) son garantías de créditos, que no pueden considerarse gastos para enfrentar la emergencia.

Por todo lo anterior, ningún analista puede estudiar el impacto real de las medidas que ha tomado el gobierno, lo cual dificulta el control político y aumenta los riesgos de corrupción.

Insistir en la cuarentena es una forma de confundir la finalidad con el medio. La finalidad de todas las medidas para luchar contra la pandemia es minimizar su letalidad. Los encierros son solamente un medio, y por lo que vimos, no necesariamente los más adaptados a nuestra realidad.

Un panorama desolador

Aunque el presidente afirma que la economía va bien, las cifras reportadas por el DANE para el segundo trimestre y las encuestas de entidades privadas muestran un panorama desolador.

Según el DANE en el segundo trimestre del año, el PIB habría sufrido la mayor caída en la historia del país: más del 12% en comparación con el primer trimestre del año y más del 15% en comparación con el mismo período del año anterior:

  • Con excepción de las actividades financieras e inmobiliarias, todos los sectores decrecieron.
  • En comparación con el segundo trimestre del 2019, en este trimestre solo progresaron el sector financiero, que creció el 1.01%, el sector inmobiliario, con 2.02%, y el sector rural, con 0,08%.
  • Entre los países de América Latina, solo Perú tuvo una mayor caída que Colombia.

Adicionalmente, la tasa de desempleo llegó al 19,8% y el Índice de Precios al Consumidor registró en julio una variación de 0,00% es decir, una inflación cero.

Todo lo anterior refleja un problema evidente de demanda: las personas no están consumiendo.

La encuesta de Cifras y Conceptos y la Universidad del Rosario confirma la gravedad de la situación:

  • Los ingresos del 73% de los hogares en las ciudades principales del país se han reducido en los dos últimos meses;
  • Los ingresos del 63% de estos hogares se han reducido más del 30% y, dentro de ese grupo, los ingresos de más de la mitad de los hogares se han reducido en más del 50%;
  • El 81% de las personas en el nivel socioeconómico más bajo, el 70% en el nivel medio, y el 62% del nivel alto se han visto afectadas;
  • El 76% de los hogares no ha recibido ayuda del gobierno, y entre los pobres y vulnerables, solo el 36% ha recibido algún apoyo estatal;
  • En el 45% de los hogares, al menos un miembro ha perdido el empleo;
  • En el 42% de los hogares, al menos un miembro ha cerrado su negocio;
  • En el 31% de los hogares, a un miembro se le ha reducido la jornada laboral;
  • En el 18% de los hogares, al menos un miembro ha tomado vacaciones adelantadas.

La respuesta inadecuada del gobierno

En ese contexto, la respuesta del gobierno nacional no ha sido suficiente ni adecuada. En general, el gobierno ha centrado sus esfuerzos en dos frentes: incentivar las exportaciones y fortalecer la oferta.

Con el programa Adelante con Confianza, el gobierno ha buscado que la producción nacional responda a la demanda del mercado mundial. La intención del programa no es mala, pero hay que reconocer que aumentar las exportaciones no va a recuperar el sector productivo ni el empleo.

Las exportaciones nunca han sido el fuerte de la economía colombiana, tanto así que desde 1992 la balanza comercial del país está en déficit. Además, las restricciones en el comercio internacional durante la emergencia imponen un reto aún mayor.

Por otra parte, el gobierno ha fortalecido la oferta bajo el supuesto de que la producción per se reactivará la economía. Pero, como lo han señalado muchos analistas, la apertura de sectores no es reactivación. Las cifras del segundo trimestre del año lo comprueban: este enfoque del gobierno fracasó. La pregunta es: ¿por qué?

Cuando la demanda es débil, las políticas de reactivación enfocadas primordialmente en la oferta son estériles o insuficientes. Es decir, aunque se estimule la oferta, no hay a quién venderle.

Hacia la reactivación

Por lo anterior, para reactivar la economía hay varios asuntos que el gobierno debe tener en cuenta:

  • Después de dos años de mandato, el espejo retrovisor no es el mejor punto de partida: se necesita un diagnóstico real de la economía colombiana;
  • Hay que medir y conocer las cifras de la pandemia: la falta de claridad sobre los apoyos asignados y sus verdaderos beneficiarios crean más dudas sobre la capacidad del gobierno para responder a esta crisis;
  • No basta con seguir abriendo sectores si no se entiende primero por qué las aperturas anteriores no han logrado reactivar la economía;
  • La inflación cero representa la ausencia de demanda. Es necesario tener esto en cuenta y actuar en consecuencia.

Las cifras sobre el comportamiento de la economía, de sus principales sectores, y la situación de la población demuestran sin duda alguna que hasta ahora la reactivación es más un deseo que una realidad.

Hoy más que nunca, el gobierno debe entender y digerir la dimensión de esta crisis, y debe impedir que los colombianos sigan perdiendo lo que habían ganado con esfuerzo. Se tiene que encontrar el camino para que la gente tenga ingresos y se estimule la demanda sin agravar el impacto de la pandemia. La producción debe reactivarse de modo que se cree empleo y se acelere la inversión.

Definitivamente no es fácil, y menos aún, si se insiste en seguir haciendo más de lo mismo.

Fuente: razonpublica.com

jueves, 9 de abril de 2020

No se puede esperar que todo vuelva a ser igual


El mundo no va a volver a ser el mismo cuando la normalidad poco a poco regrese a unas sociedades temerosas por largo tiempo; habrá cambiado la manera como nos conectamos en la dimensión física; las redes sociales serán más importantes que ahora; los sistemas de pago digitales le asestarán un golpe definitivo a los billetes; la seguridad social en su faceta de salud se potenciará con nuevas preocupaciones, productos y servicios; la higiene y la asepsia serán imperativos en tiendas, restaurantes y hoteles; la comida sana con trazabilidad de su origen tendrá nuevos valores; y la esquiva curación de la voluminosa información que se consume será una realidad.

Es solo una muy corta lista de los negocios y productos que se abrirán paso unas vez esté pasada la cuarentena en poco menos de 15 días, pero mientras eso llega podemos mirar en prospectiva un segundo portafolio de buenas ideas y noticias que se han generado en este tiempo de crisis sanitaria y económica. Muchas cosas llegaron para quedarse y se convertirán en prósperos negocios. Es el caso del fortalecimiento de las actividades de salud como la producción de fármacos colombianos, la fabricación de simples utensilios clínicos y médicos como tapabocas, guantes, geles y jabones antibacteriales, que curiosamente eran importados y a los cuales poca o ninguna importancia se les brindaba. Era casi inaceptable que un país como Colombia fuera incapaz de producir materiales fundamentales para la seguridad sanitaria, hoy comprometida o desnudada por el Covid-19.

Pero la mayor herencia que nos puede dejar la crisis del coronavirus no es una distinta al despertar de la solidaridad y la generosidad de los colombianos para con los más necesitados de la sociedad. Son centenares de iniciativas a lo largo y ancho del país que buscan ayudar a los desprotegidos, a aquellos que no tienen un salario fijo mensual, que están por fuera del sistema de salud, a esas personas que están solas o abandonadas. La ayuda ha brillado no solo entre los profesionales con individuos, sino en las grandes corporaciones que incluso han transformado su quehacer diario para enfocarlo en ayudas: ingenios que producen alcohol; tiendas de confección de moda que hacen vestidos para personal médico; y hasta procesadoras de comida que hacen jabones. Es la nueva piel del país que no puede mudarse a una normalidad que no será la misma.

La gran enseñanza de este momento de la historia es básica: la casa, la familia, el agro, su trabajo y el entorno inmediato son los mayores tesoros que una persona puede tener; consciencia que ha evaporado el “escapismo” característico de las últimas generaciones marcadas por salir corriendo del país cuando los problemas se venían encima. El Covid-19 obligó al mundo a refugiarse en sus pequeños tesoros muy finitos que le harán revaluar el sentido de lo material.

Fuente: larepublica.co